Mandalas como terapia en la tercera edad

Los talleres de mandala son un método terapéutico de expresión plástica que ayudan a los ancianos a poner en funcionamiento mecanismos tanto físicos como psicológicos, emocionales y mentales.

La residencia de la tercera edad Lepant Residencial, ubicada en Barcelona, está llevando a cabo unos innovadores talleres de mandala. El mandala tiene su origen en la India y su nombre significa “círculo o rueda”. Se trata de representaciones simbólicas espirituales y rituales del macrocosmos y el microcosmos formadas por diversas formas geométricas. Para los budistas su función es la meditación y el proceso más importante reside en la creación de éstos, ya que nos permite plasmar las vivencias propias del momento en que lo diseñamos.

Aplicado en personas mayores se trata de una comunicación no verbal adecuada para interactuar con personas mayores, a quienes a veces les resulta difícil la comunicación terapéutica basada exclusivamente en el lenguaje. Los mandala utilizan la expresión creativa de los diseños y colores, permitiendo al paciente recrearse a sí mismo.

A nivel psicológico, los mandalas ayudan a la activación simultánea de los dos hemisferios del cerebro. En el hemisferio derecho residen capacidades como la creatividad, el sentido artístico, la imaginación o la intuición. Por su parte, el hemisferio izquierdo es el responsable de los procesos secuenciales, precisos, metódicos y detallistas. 

“El hecho de que se activen ambos hemisferios a la vez, hace que los mandalas sean considerados como una buena herramienta para facilitar el equilibrio psicológico”, comenta Elisabeth González, trabajadora social especializada en tercera edad de Lepant Residencial.

Para su realización es importante adaptar la sala, ambientando el espacio con la luz adecuada, música relajante e incluso un poco de incienso. Se rectifica, si es necesario, la postura corporal de la persona y se le presenta el mandala junto al abanico de colores y posibilidades con las que puede trabajar.

Los talleres de mandala con fines terapéuticos se están realizando en el centro de Barcelona Lepant Residencial, donde se adaptan al estado cognitivo de cada residente y se crea un espacio único y especial.  La premisa está en que cada residente debe escoger un color y decidir qué parte del mandala quiere pintar con él. Si presenta dificultades, es reconducido y motivado para que lo finalice con éxito. La consigna principal es que pueden pintar el mandala del centro hacia fuera y viceversa.

“Una vez acabado el mandala, se debe analizar para explicárselo al residente o se lleva a cabo un traspaso transdisciplinario si la persona tiene deterioro cognitivo. Por este motivo, es muy importante respetar los colores y la proyección de éstos”, asegura González.

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