Entrevista a Nuria Sánchez, psicóloga infantil

¿Qué pensaría si le dijeran que cualquier niño en el momento de su nacimiento es un genio potencialmente superior a lo que lo fuera Leonardo Da Vinci? Preguntas como ésta sirvieron para reflexionar sobre la ‘escuela del mañana’, en la conferencia realizada el pasado viernes en Hirukide Jesuitinak sobre estimulación temprana, orientada a padres y profesionales, y ofrecida por la psicóloga clínica, educativa y jurídica del colegio Montserrat de Barcelona Nuria Sánchez.

 

-Dice que tememos a la inteligencia más que nunca, ¿por qué?

-Si nos preguntaran si deseamos que nuestro hijo sea buena persona, afirmamos sin ninguna duda. Si nos preguntan si queremos que sea buen deportista, pensamos en los mejores futbolistas o tenistas, y empezamos a ver dólares en los ojos. Sin embargo, la respuesta cambia si nos preguntan si deseamos que nuestro hijo sea muy inteligente; se nos plantea una duda y se hace un silencio. Vivimos la inteligencia en oposición a todo lo demás, es decir, evidentemente, apostamos por que el niño sea inteligente, buena persona y trabaje el movimiento corporal kinestésico, pero muchas veces la tememos porque educar en inteligencia ha de ser educado en valores. La inteligencia debe ser ética, no tiene sentido si no la ponemos al servicio de los demás. Si la trabajamos desde este punto de vista, la inteligencia no nos asusta, la deseamos y la promovemos.

-¿Los niños tienen la capacidad suficiente hoy día para resolver sus problemas?

-Si buscan la resolución de estos problemas prácticos, aplicados a la vida, solo en la resolución memorística lo van a tener difícil, por eso sinceramente, creo que lo hemos tenido difícil. El problema no está en los niños, ni siquiera en los maestros, está en el cambio del sistema. Debemos cambiar nuestra mentalidad y permitir que el sistema cambie. Tiene que permitirnos ver que el niño tiene que llegar a ser el sujeto del aprendizaje y él mismo tiene que entender que le va a ayudar a resolver el mejor test de inteligencia: la propia vida. Eso es inteligencia. Apostamos por una escuela que enseñe a pensar, dé la oportunidad de pensar.

-¿Qué opina del profesorado?

-El profesorado en definitiva responde a un sistema que ha apostado por una manera determinada y ha exigido de una manera determinada los niveles para acceder a esa formación. El gran reto lo tenemos en la formación de los formadores y en el cambio de chip que nos tiene que llevar a visualizar un modelo de escuela distinto al que hemos vivido. Detrás de toda innovación hay un proceso complejo, una apuesta económica hacia un modelo de escuela que realmente sirva para el modelo de sociedad del siglo XXI.

-¿Cómo se estimula a un bebé?

-Queriéndolo mucho, hablándole mucho, cantándole, achuchándolo, zarandeándolo. pero si queremos aportar algo más que el sentido común y el amor que sentimos de forma natural, podemos trabajar con programas que han sido diseñados para optimizar el desarrollo neurológico del bebé en el momento de mayor plasticidad de su cerebro, de 0 a 3 y de 3 a 6 años. Trabajamos con los programas de estimulación de Glenn Doman, que apuestan por la excelencia intelectual, social y la física. Y es que no apuesta sólo por los niños que dominen idiomas, Matemática y Lengua, también por los niños adaptados a una sociedad, que saben convivir con los demás. Lo que hacemos cada día crea patrón e influye en nuestro día a día.

-¿Cómo aplicaríamos lo que nos cuenta en las aulas?

-No hay más que pasearse por las aulas y los pasillos de Hirukide para verlo. Nos basamos en el instituto de Glenn Doman en Philadelphia e intentamos que los padres tengan la información de cómo hacer los programas, y de que entiendan el por qué de las actividades y el desarrollo a través de esta herramienta.

-¿Cuánto tiempo lleva trabajando en la estimulación?

-Comenzamos en la década de los 80, pero el año 94 fue un punto de inflexión importante, fuimos a Philadelphia y desde entonces, estamos desarrollando este proyecto de escuela de padres para ofrecer los programas a las familias. He tenido la oportunidad de formarme con el propio médico Glenn Doman y han pasado un total de 8.000 familias.

-¿Qué ha cambiado en estos últimos 34 años?

-He visto mucha más implicación y ganas de dar lo mejor a sus hijos en las familias. Son sujetos importantes en el proceso y necesitan más información, ver que nuestros pasillos y centros hablan de lo que hacemos para que valoren nuestro trabajo y se impliquen en el proceso de aprendizaje.

-¿Cree que la inteligencia se tiene o se trabaja?

-Es una pregunta maravillosa. Glenn Doman respondería taxativamente que se tiene por ser homo sapiens. La gran genética de la persona humana es nacer persona, simplemente por el hecho de nacer humano tenemos dos cortezas cerebrales de las que carecen el resto de nuestros compañeros de la tierra. Para mí, la genética juega un papel bastante secundario y la inteligencia tiene mucho de entrenamiento. La voluntad es nuestro gran potencial para desarrollar lo que traemos de serie.

Fuente: diario Vasco

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